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Desde el año 2013, cada 20 de marzo se conmemora el Día Internacional de la Felicidad, proclamado por la ONU. Esta fecha tiene el propósito de promover la importancia que tiene la felicidad como parte integral en el desarrollo y bienestar de los seres humanos (Organización de las Naciones Unidas, 2021). Los temas que se buscan concientizar con esta conmemoración son: erradicar la pobreza, reducir al mínimo la desigualdad y cuidar y proteger al planeta: todos son parte de fomentar una cultura de Paz.

La historia de donde surge este día es bastante curiosa: Jigme Singye Wangchuck, un rey de Bután, hace más de 40 años (cuando él sólo tenía 16) decidió que la filosofía de su gobierno se basaría en la felicidad de sus súbditos, y para ello inventó el concepto de Felicidad Nacional Bruta (FNB) -en vez del Producto Interior Bruto-. La FNB es un indicador del nivel de vida que evalúa el bienestar general de su país sobre la base de un desarrollo socioeconómico sostenible y equitativo, conservación medioambiental, preservación y promoción de la cultura y buena gobernanza (Zubiri, 2021). Se calcula considerando 9 puntos relevantes del bienestar personal y colectivo: bienestar psicológico, aprovechamiento del tiempo, vitalidad de la comunidad, cultura, salud, educación, diversidad medioambiental, nivel de vida y Gobierno, ¿te parece buena idea que nuestro gobierno evaluará así su índice de desarrollo sostenible?

La felicidad es un sentimiento propio de cada persona, cada uno tenemos el poder de elegir lo que nos provoca felicidad; y aunque se presenta de distintas maneras en cada uno, no deja de ser una fuerte sensación de plenitud. Hoy, debemos trabajar más que nunca para lograrla: individual y colectivamente.

 

En una encuesta elaborada por OCC Mundial y la Asociación de Internet, se reveló que el 70% de las personas considera que trabaja más bajo esta modalidad. El trabajo remoto fue una de las estrategias que se implementaron durante la pandemia para poder evitar o disminuir los contagios y seguir en operaciones. Sorprendentemente, aunque el 85% de los trabajadores se siente cómodo trabajando desde casa, también exhiben una percepción de carga laboral mucho más alta de la que se tenía en el trabajo presencial. Esta misma encuesta, demuestra que 4 de cada 10 empleados trabajan entre 9 y 12 horas efectivas, sin contar aquellas que también les implican distracciones propias del hogar.

Una de las dificultades en el contexto social que se presentaron a raíz de la contingencia fue el desempleo, concentrando a los jóvenes como la mayor fuerza laboral. Aunque la mayoría de las personas con mayor edad pueden aprender nuevas herramientas digitales, ante tantos recortes de personal en las empresas, se dio preferencia a aquellos que tienen mayor facilidad en el uso de tecnologías.

En este punto, podemos pensar que el trabajo desde casa no ha sido bueno, pero la misma encuesta reveló que sin importar que las personas trabajen más horas, también el 70% se consideran más productivos.

Si algo no se hizo esperar, fue el estrés laboral, pues trabajar con ropa más cómoda no basta para mantenerse en un estado mental de tranquilidad y, además, pasar tantas horas frente a las pantallas también incrementa los daños de salud física y mental. En el 2019, la Organización Mundial de Salud incorporó el burnout a la clasificación internacional de enfermedades y fue descrito como un “síndrome resultante de estrés crónico en el trabajo”, que hoy afecta al 75% de los empleados (Instituto Mexicano del Seguro Social).

 

El pasado 10 de febrero en la Ciudad de México, Fundación en Movimiento, A. C. (FEM) y Fundación Educación por la Experiencia (ExE), pactaron una alianza de colaboración para la creación de un programa enfocado en el bienestar laboral, con el objetivo de prevenir situaciones de acoso laboral o mobbing y promover la salud empresarial a través del desarrollo de habilidades socioemocionales en los colaboradores.

Durante el evento, estuvieron presentes por parte de Fundación en Movimiento, Don Eduardo Ricalde Medina, Presidente Ejecutivo, Reyna Monjaraz, Directora General; Edith Guerrero, Coordinadora del Área de Bienestar Laboral y Samir Venegas, Coordinador de Gestión de Proyectos. En representación de ExE asistieron Alonso Prida, Vicepresidente, Elizabeth Samperio, Directora General y Marcela González Necoeche, Directora de Expansión Comercial.

 

Estar en casa todo el día, con acceso ilimitado a la conexión de internet, no tener que cumplir horarios tan rigurosos de clases, etcétera, sonaba muy emocionante para los miles de estudiantes de educación básica en México. Sin embargo, al paso de las semanas, se empezaron a manifestar diversas complicaciones físicas y mentales, afectando principalmente a aquellos menores que están acostumbrados a su desarrollo social.

El pasado 10 de febrero, Drayke Hardman, un niño de tan sólo 12 años se quitó la vida después de sufrir bullying en la escuela (en Utah, EUA), su madre compartió vía Instagram un mensaje de dolor y al mismo tiempo de bondad, que busca generar conciencia en los padres de familia. Estas fueron algunas de sus palabras:

“Este es el resultado del bullying, mi hijo estaba peleando una batalla de la que ni yo podía salvarlo. El bullying es real, es silencioso y no hay absolutamente nada que puedas hacer como padre para quitar este profundo dolor. No hay señales, solo palabras hirientes de otros que finalmente arrebataron a nuestro Drayke de este lugar cruel. No estoy segura de cómo navegar esta vida sin ti. Se suponía que pasaría el resto de mi vida contigo, y tú pasaste el resto de la tuya conmigo. Mi corazón está destrozado, no sé cómo arreglarlo, o si alguna vez lo haré, pero pasaré cada minuto enseñando bondad en la memoria tuya. Madres, padres, abracen a sus hijos, abrácenlos fuerte. Enséñales a vivir y a amar ferozmente. Enseña bondad y #DoItForDrayke” - Samie Hardman

 

Si algo no ha tomado una pausa durante la pandemia es el acoso escolar, pues, aunque muchos alumnos toman sus clases vía remota, el bullying ha tomado nuevas formas como puede ser el ciberbullying. Los modos en los que este tipo de hostigamiento se manifiesta pueden ser variados, pero sus lamentables consecuencias a corto y largo plazo siguen siendo datos de alarma que requieren acciones inmediatas.

Eli Fritchley, un menor de 12 años originario de Tennessee, Estados Unidos, se quitó la vida el pasado 28 de noviembre debido al constante acoso que sufría de sus compañeros por su orientación sexual, forma de vestir y estilo único.

Lo que es tan sorprendente en estos tiempos, es que haya una gran brecha de ideologías: de pronto parece que ya hay una apertura y aceptación “a lo diferente” y, por otro lado, seguimos viendo, viviendo o generando cualquier tipo de discriminación. Y es que, en algún punto, todos somos responsables de visibilizar lo que debería ser correcto: aceptar las diferencias, incluso aunque no estemos de acuerdo con ello: ¿cuántas veces hemos juzgado, atacado una forma de ser o de pensar distinta a la nuestra? Seguramente en varias ocasiones. A veces nos olvidamos de complementar la empatía con la coherencia, cuando defendemos una causa, pero atacamos a otra.

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