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En una telesecundaria de Querétaro, Juan Pablo, estudiante de 14 años fue quemado por algunos de sus compañeros por ser de origen indígena y no dominar el español. El cruel ataque sucedió en el Instituto Josefa Vergara, ubicado en la comunidad El Salitre. Mientras que Juan Pablo se encuentra grave en el hospital, sus padres exigen justicia a las autoridades, pues su maestra tenía conocimiento del bullying que sufría y también era parte de la violencia.

La Fiscalía confirmó que ya existía una denuncia registrada el pasado 7 de junio, pero aún no se le había dado seguimiento. Los servicios periciales han valorado las lesiones provocadas contra Juan Pablo y se dará continuidad al proceso penal hasta que se aclaren los hechos.

 

Hemos abordado previamente la definición y las características del bullying, también conocido como acoso escolar. Para definirlo de otro tipo de violencia usamos la Regla de las 3C: Constante, Contra alguien y Con intención, manifestándose únicamente entre menores de edad y dentro de la escuela. Cuando escuchamos o leemos “dentro de la escuela” tendemos a ignorar el problema o a dejar la responsabilidad completa a los docentes. Sin embargo, acabar con el bullying parte desde educar y sensibilizar en todos los ambientes en las que niñas, niños y adolescentes se desarrollan (virtual, familiar y social).

Entonces, ¿cómo es que provoco que el acoso en las escuelas incremente? El bullying siempre ha existido, pero las redes sociales han generado que los hechos sean más visibles y cargados con más agresividad que antes. Al navegar en internet, nadie pone límites, ni ha implementado reglas para un buen uso y aprovechamiento del mismo, sino que se ha convertido en un espacio de desahogo y de exceso de libertad de expresión, en el que no usamos la empatía ni la solidaridad para comunicarnos. Esto no solo sucede entre adolescentes, sino que constantemente vemos comentarios, debates y discursos de odio de personas que incluso ni conocemos o situaciones de las que no sabemos el contexto real y mucho menos nos tomamos el tiempo de investigar a detalle.

 

En redes sociales circula un video en el que un padre lleva a su hijo en huaraches después de que éste humilló a uno de sus compañeros por usar tenis “pirata”. En dicho video el papá le dice a su hijo que toda la semana usará las sandalias para ir a la escuela y que deberá regalar sus tenis originales al menor que había sido el blanco de bullying. Le explica a su hijo que se trata de “una lección” para que aprenda que no todas las personas gozan de los mismos privilegios y que lo mejor que le puede heredar no es dinero, sino enseñanzas.

La polémica derivada de las diferentes opiniones no se hizo esperar, pues algunos aplaudían la acción del papá, refiriendo que hace falta mano firme para que los adolescentes sean más conscientes y sensibles a las dificultades o carencias ajenas, otros más consideraban que se trató de una humillación y que lejos de ayudar a su hijo, le iba a generar inseguridades y con probabilidad de que ahora él sea quien sufra bullying y otros más consideraban que bien pudo haberle llamado la atención en privado, sin tener que subir el video en redes sociales.

 

Fueron 19 estudiantes y dos maestras quienes murieron en el tiroteo en la Escuela Primaria Robb, de Uvalde (Texas), por parte de uno de sus alumnos: Salvador Ramos, un adolescente al que describían como "solitario", de familia con bajos recursos, delgado y lesiones visibles en la cara provocadas por sí mismo, con dificultades de habla que, según algunos de sus compañeros, lo llevó a sufrir bullying. El día de la masacre, previo a llegar a la escuela, disparó contra su abuela de 66 años por motivos que aún no están claros, quien intentó alertar a la policía sobre la conducta de Salvador, pero ya era demasiado tarde.

“Tengo un pequeño secreto” escribió Salvador en su cuenta de Instagram, acompañado de 2 fotos de armas que compró legalmente. Uno de los rifles fue abandonado en el camión que estrelló en la escuela y el otro fue localizado a un lado de su cuerpo, que previamente fue abatido por los policías.

 

En Córdoba, Argentina, un alumno de secundaria respondió con golpes a los ataques de los que constantemente era blanco por ser autista, siendo atacado física y verbalmente. La situación ocurrió frente a las y los compañeros de clase, así como la maestra quien intentó separarlos.

El menor que ha sufrido humillaciones y agresiones previamente, es más alto que su generador de violencia y esto nos muestra la claridad con la que se presenta el bullying, en donde no “gana el más grande”, sino el que ha aprendido a ejercer autoritarismo de forma negativa.

Aunque las autoridades educativas informaron que se aplicó el protocolo que tienen establecido y dialogaron con los alumnos involucrados y sus padres de familia, es importante trabajar desde la prevención y no esperar a que ocurra. No es justificable una respuesta violenta, sin embargo, podemos ver que muchos menores que son blanco de bullying y del que no sienten apoyo de los docentes, la escuela o padres de familia, en algunos casos va a terminar sacando su frustración con más violencia.

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