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Reportajes sobre el bullying cada vez son más frecuentes en los medios masivos de comunicación. Sin embargo, la pregunta natural que surge es: ¿por qué se le está dando tanta importancia hoy a algo que siempre ha existido?.
En San Pablo del Monte, al sur de Tlaxcala, Iván, -un niño de 9 años de edad, que cursaba el tercer grado de primaria-, se suicidó ahorcándose en el tendedero de su casa para no seguir siendo objeto de las agresiones de sus compañeros de clase.
Todos los adultos recordamos como algo normal haber vivido situaciones de conflicto con alguno de nuestros compañeros de escuela, pues nunca faltaba alguno con temperamento agresivo y provocador.
Sin embargo, superar estas experiencias era parte del aprendizaje de lo que en el futuro sería la vida. Así aprendíamos a desactivar conflictos, repeler agresiones e incluso a negociar, -o con el agresor-, o con los amigos que nos podrían ayudar a defendernos.
Eran experiencias difíciles para un niño pero aleccionadoras para aprender a sobrevivir en un mundo competitivo.
¿Qué situaciones han cambiado, que hoy han hecho del bullying un tema de alta prioridad?.
Los contenidos violentos en los videojuegos, en el cine TV, -y en general en el contexto social-, están creando estímulos que por imitación propician agresividad en niños con predisposición a la violencia.
Según estudios clásicos, el Dr. De Fleur afirmaba que “el contenido de los mensajes fortalece las actitudes pre-existentes”. Por tanto, según este planteamiento los contenidos violentos estimulan los instintos agresivos en niños con predisposición a la violencia y fortalecen el rechazo en niños pacifistas.
En tiempos anteriores a la era tecnológica, la escuela y la familia tenían más influencia en los niños y como parte de la educación, pretendían desestimular las actitudes violentas. Por tanto, la violencia era ocasional y reprobada por la sociedad.
. Hoy la sobreexposición a contenidos violentos genera más violencia. La violencia hoy es el tema cotidiano, -tanto ficticia como parte de videojuegos o programas de entretenimiento-, como la real, que aparece en los noticieros.
Por otra parte,- desde la perspectiva de los receptores de la agresión-, estamos viendo que la sociedad se ha vuelto sobreprotectora y tiende a victimizar a quien sufre una agresión.
Si victimizamos a quienes sufren bullying estaremos reprimiendo su aprendizaje para resolver situaciones de conflicto a lo largo de su vida. Estaríamos formando una generación de “víctimas” que se convertirían en perdedores crónicos. Por ello es conveniente no asignarles ese rol, pues lo aplicarán el resto de su vida.
Otro grave problema es el impacto de la WEB como generadora de hábitos en los niños. El poder de seducción de la tecnología es tal que los niños pequeños han dejado de lado la convivencia tradicional con sus amigos en las calles, parques por ejemplo, para pasar el tiempo frente a un monitor estableciendo relaciones virtuales con otros niños, muchos de los cuales están a grandes distancias y por ello no se conocerán personalmente nunca.
También impacta el temor de los padres respecto a la inseguridad que hoy se vive en las calles, y ello les obliga a preferir que estén seguros en su casa frente a un monitor y no montando en bicicletas, andando en patines jugando futbol o simplemente conviviendo con sus amiguitos. Todo ésto redunda en que esta generación interactiva ya no está desarrollando los mecanismos afectivos para la vinculación emocional con quienes les rodean, y que se derivan de la socialización.
Hoy la familia como institución vive una crisis interna que se refleja en falta de control de los padres sobre los hijos y lo mismo sucede con la escuela.
Estas dos instituciones que antes formaban los valores de los niños, hoy han perdido su influencia frente a los medios masivos de comunicación y la WEB tan llena de agresividad.
La crisis educativa, -desde el punto de vista de que el modelo educativo ha caducado y la politización de los maestros a través de los intereses sindicales-, ha minimizado el impacto formativo del maestro como forjador de valores morales y ciudadanos. Prefieren muchos de ellos estar haciendo plantones, -o comisionados en labores sindicales-, que estar dando clase.
Ante el ambiente de agresividad en el hogar vemos que se repiten los roles. Así vemos niños maltratados en sus casas que salen a cobrarse sus frustraciones con quien se “las pague”.
Por ello las nuevas víctimas de la violencia podrían ser los agresores de mañana.
Niños que crecen sin afecto porque no ven a los papás, o porque la tecnología los ha hechos introvertidos.
Ers evidente que no hemos hecho aún lo suficiente para conocer la psicología básica de la violencia… ¿Por qué se genera? …
El problema de la violencia inicia dentro de la familia, impacta en la escuela y concluye en los cárteles, -donde niños violentados de muchas formas y con resentimientos-, cuando llegan a adultos muy jóvenes buscan su revancha cuando les dan una pistola y la protección del cártel. El sadismo que hoy acompaña a la violencia extralimitada nos muestra que hay resentimiento.
Para resolver la violencia es necesario buscar sus soluciones dentro de la familia y en la escuela.
No hay forma de resolver el problema del bullying y la violencia dentro de la infancia si no es a través de los padres.
Es necesario involucrar jurídicamente a los padres y hacerlos responsables de conductas violentas extremas cuando estos niños en la escuela ejerzan acoso o violencia, pues ellos son los que realmente pueden incidir en su conducta, por lo menos que esta responsabilidad llegase hasta que los hijos cumplan 12 años de edad.
Si un niño lastima a un compañerito intencionalmente, -y su conducta es recurrente-, debiese existir forma de que los padres paguen de algún modo las consecuencias de un proceso judicial por no haber actuado a tiempo, -o incluso-, por fomentar en sus hijos la violencia.
El problema es que estamos en una sociedad que no exige responsabilidades a nadie.
Para casos graves de agresividad el DIF debiese crear centros de atención operados por psicólogos clínicos, donde los ´padres que consideren que no pueden controlar al hijo, lo lleven para su atención.
Es urgente en las escuelas primarias instrumentar clase-taller de socialización con psicólogos, para restablecer esta capacidad que la vida de hoy no permite desarrollar de modo espontáneo.
La problemática del bullying debe ser entendida como la llamada de alerta de una crisis de violencia en la sociedad.
Para dar atención particular a casos específicos se cuenta con apoyo de organismos de la sociedad civil como “Fundación en Movimiento”, que dirige Trixia Valle (http://www.fundacionenmovimiento.org.mx).
Sin embargo, en paralelo hay que ir al fondo del problema social con soluciones integrales.

 

Reportajes sobre el bullying cada vez son más frecuentes en los medios masivos de comunicación. Sin embargo, la pregunta natural que surge es: ¿por qué se le está dando tanta importancia hoy a algo que siempre ha existido?.

En San Pablo del Monte, al sur de Tlaxcala, Iván, -un niño de 9 años de edad, que cursaba el tercer grado de primaria-, se suicidó ahorcándose en el tendedero de su casa para no seguir siendo objeto de las agresiones de sus compañeros de clase.

Todos los adultos recordamos como algo normal haber vivido situaciones de conflicto con alguno de nuestros compañeros de escuela, pues nunca faltaba alguno con temperamento agresivo y provocador.

Sin embargo, superar estas experiencias era parte del aprendizaje de lo que en el futuro sería la vida. Así aprendíamos a desactivar conflictos, repeler agresiones e incluso a negociar, -o con el agresor-, o con los amigos que nos podrían ayudar a defendernos.

Eran experiencias difíciles para un niño pero aleccionadoras para aprender a sobrevivir en un mundo competitivo.

¿Qué situaciones han cambiado, que hoy han hecho del bullying un tema de alta prioridad?.

Los contenidos violentos en los videojuegos, en el cine TV, -y en general en el contexto social-, están creando estímulos que por imitación propician agresividad en niños con predisposición a la violencia.

Según estudios clásicos, el Dr. De Fleur afirmaba que “el contenido de los mensajes fortalece las actitudes pre-existentes”. Por tanto, según este planteamiento los contenidos violentos estimulan los instintos agresivos en niños con predisposición a la violencia y fortalecen el rechazo en niños pacifistas.

En tiempos anteriores a la era tecnológica, la escuela y la familia tenían más influencia en los niños y como parte de la educación, pretendían desestimular las actitudes violentas. Por tanto, la violencia era ocasional y reprobada por la sociedad.

. Hoy la sobreexposición a contenidos violentos genera más violencia. La violencia hoy es el tema cotidiano, -tanto ficticia como parte de videojuegos o programas de entretenimiento-, como la real, que aparece en los noticieros.

Por otra parte,- desde la perspectiva de los receptores de la agresión-, estamos viendo que la sociedad se ha vuelto sobreprotectora y tiende a victimizar a quien sufre una agresión.

Si victimizamos a quienes sufren bullying estaremos reprimiendo su aprendizaje para resolver situaciones de conflicto a lo largo de su vida. Estaríamos formando una generación de “víctimas” que se convertirían en perdedores crónicos. Por ello es conveniente no asignarles ese rol, pues lo aplicarán el resto de su vida.

Otro grave problema es el impacto de la WEB como generadora de hábitos en los niños. El poder de seducción de la tecnología es tal que los niños pequeños han dejado de lado la convivencia tradicional con sus amigos en las calles, parques por ejemplo, para pasar el tiempo frente a un monitor estableciendo relaciones virtuales con otros niños, muchos de los cuales están a grandes distancias y por ello no se conocerán personalmente nunca.

También impacta el temor de los padres respecto a la inseguridad que hoy se vive en las calles, y ello les obliga a preferir que estén seguros en su casa frente a un monitor y no montando en bicicletas, andando en patines jugando futbol o simplemente conviviendo con sus amiguitos. Todo ésto redunda en que esta generación interactiva ya no está desarrollando los mecanismos afectivos para la vinculación emocional con quienes les rodean, y que se derivan de la socialización.

Hoy la familia como institución vive una crisis interna que se refleja en falta de control de los padres sobre los hijos y lo mismo sucede con la escuela.

Estas dos instituciones que antes formaban los valores de los niños, hoy han perdido su influencia frente a los medios masivos de comunicación y la WEB tan llena de agresividad.

La crisis educativa, -desde el punto de vista de que el modelo educativo ha caducado y la politización de los maestros a través de los intereses sindicales-, ha minimizado el impacto formativo del maestro como forjador de valores morales y ciudadanos. Prefieren muchos de ellos estar haciendo plantones, -o comisionados en labores sindicales-, que estar dando clase.

Ante el ambiente de agresividad en el hogar vemos que se repiten los roles. Así vemos niños maltratados en sus casas que salen a cobrarse sus frustraciones con quien se “las pague”.

Por ello las nuevas víctimas de la violencia podrían ser los agresores de mañana.

Niños que crecen sin afecto porque no ven a los papás, o porque la tecnología los ha hechos introvertidos.

Ers evidente que no hemos hecho aún lo suficiente para conocer la psicología básica de la violencia… ¿Por qué se genera? …

El problema de la violencia inicia dentro de la familia, impacta en la escuela y concluye en los cárteles, -donde niños violentados de muchas formas y con resentimientos-, cuando llegan a adultos muy jóvenes buscan su revancha cuando les dan una pistola y la protección del cártel. El sadismo que hoy acompaña a la violencia extralimitada nos muestra que hay resentimiento.

Para resolver la violencia es necesario buscar sus soluciones dentro de la familia y en la escuela.

No hay forma de resolver el problema del bullying y la violencia dentro de la infancia si no es a través de los padres.

Es necesario involucrar jurídicamente a los padres y hacerlos responsables de conductas violentas extremas cuando estos niños en la escuela ejerzan acoso o violencia, pues ellos son los que realmente pueden incidir en su conducta, por lo menos que esta responsabilidad llegase hasta que los hijos cumplan 12 años de edad.

Si un niño lastima a un compañerito intencionalmente, -y su conducta es recurrente-, debiese existir forma de que los padres paguen de algún modo las consecuencias de un proceso judicial por no haber actuado a tiempo, -o incluso-, por fomentar en sus hijos la violencia.

El problema es que estamos en una sociedad que no exige responsabilidades a nadie.

Para casos graves de agresividad el DIF debiese crear centros de atención operados por psicólogos clínicos, donde los ´padres que consideren que no pueden controlar al hijo, lo lleven para su atención.

Es urgente en las escuelas primarias instrumentar clase-taller de socialización con psicólogos, para restablecer esta capacidad que la vida de hoy no permite desarrollar de modo espontáneo.

La problemática del bullying debe ser entendida como la llamada de alerta de una crisis de violencia en la sociedad.

Para dar atención particular a casos específicos se cuenta con apoyo de organismos de la sociedad civil como “Fundación en Movimiento”, que dirige Trixia Valle.

Sin embargo, en paralelo hay que ir al fondo del problema social con soluciones integrales.

Artículo publicado el 6 de junio de 2011 por Ricardo Homs en blogs de ElUniversal.mx
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